Quintanilla de Arriba

 

El pico del Castro

 

     En mi pueblo, Quintanilla de Arriba, de siempre hubo una cuesta que se la conocía y se la conoce con el nombre del Pico del Castro, pero que yo supiera, se la llamaba de esta manera sin pensar que allí pudiera haber los restos de un castro de los que en tiempos remotos construían como centros de observación y pequeñas fortalezas.
     En primavera de 1988 se desarrolla una intervención de urgencia en este yacimiento del Pico del Castro donde se aprecian graves daños producidos por excavadores furtivos y al mismo tiempo se comprobó que bajo esta estructura se había conservado otra de época prehistórica constituida por una cubeta excavada jalonada por una serie de agujeros de poste.
     Nuestro castro se halla emplazado en una estrecha lengua del páramo que domina una amplia zona del valle del Duero a una altitud de 882 m.,y desde donde se divisa un bello paisaje y gozando de una condiciones naturales óptimas para la defensa del lugar ya que todo lo empinado de la cuesta que conduce al páramo así como un considerable foso natural, localizado al oeste del pago, hacen muy difícil el acceso al lugar, que sin duda hemos de valorar la importancia defensiva del emplazamiento como una de las condiciones primordiales que impulsaron a las gentes de diversas épocas a ocupar este espigón de nuestro páramo.
     Los materiales arqueológicos encontrados están constituidos exclusivamente por cerámicas hechas a mano, la torre es de época bajomedieval. Basándonos para ello en un documento del siglo XII y por ciertos hallazgos se tiene la certeza de que este hecho ocurre a principios de la era del bronce antiguo, hacia el año 1800 antes de Cristo, fecha en el que se sitúa la dotación radio carbónica que se posee del nivel inferior de nuestro castro.
     Pasando el foso natural entramos en una pequeña meseta y mirando hacia el sur prácticamente en el mismo cerral de la cuesta, con un desnivel que hace muy difícil caminar por ella, excavado en la roca se encuentran las cuevas que siempre hemos conocido con el nombre de Valdecuevas, una excavaciones que, para mí no hay dudas, que en su tiempo fueron ocupadas por el hombre.
     Desde los más antiguos pobladores del convento de San Bernardo, a este pico que nosotros siempre le conocimos como el Pico del Castro, ellos, según su tradición, le han conocido con el nombre de Pico de la Mora y en mi afán de averiguar el sentido de tan singular nombre, he preguntado a las personas mayores de San Bernardo, especialmente a José Luis Velasco, párroco y gran investigador de todo lo referente al Monasterio del repetido San Bernardo, incluida la historia del Hermano Diego, si conocían el origen de este curioso nombre y todos han coincidido en no conocerlo o saber el motivo por el cual le nombran de esta manera, pero para mí que tampoco hay duda de que la denominación del Pico de la Mora tiene que tener un sentido histórico y más, teniendo en cuenta que para bajar hasta el río Duero hay un camino o senda que la conocemos como la Senda de la Mora y repito que tiene que haber una historia perdida, o que tal vez conste en algún archivo, donde pueda estar durmiendo el sueño del olvido; alguna persona que yo desconozco tal vez sepa la historia de forma oral que haya podido ser transmitida de generación en generación.
     Esta es la historia resumida de nuestro Pico del Castro.

 

A este relato de Semproniano Repiso le fue concedido el Premio de Prosa del mes de diciembre del 2002 por la publicación LA VOZ DE PEÑAFIEL.