Quintanilla de Arriba


Excavaciones arqueológicas en Quintanilla de Arriba

 

             El nueve de agosto de 1997 y con Don Fernando Díaz Martín como director, en Quintanilla de Arriba se comienza un trabajo de investigación referente a la Arqueología Prehistórica, procediendo al desbrozado de 90 metros cuadrados, divididos en cuadriculos debidamente numerados con el objeto de quitar todos los restos de paja en la tierra tras las labores de cosechado y trajo consigo la recogida de 39 piezas en superficie que se unieron a las pertenecientes a la campaña de prospección realizada en marzo-abril del mismo año.
            Trabajando en la superficie elegida, como queda dicho perfectamente cuadriculada y controlada por letras y números, llevan a cabo la labor investigadora del suelo a una profundidad de no mas de 30-40 centímetros que es de laboriosidad y paciencia admirables, llegando a la conclusión de que el numero de piezas obtenidas es proporcional de manera inversa a la profundidad alcanzada, encontrándose preferentemente entre los sedimentos mas cercanos a la superficie.
            En total en la intervención efectuada en el pago de Valdeagallaras se han recuperado un total de 304 artefactos líticos de los que como ya queda dicho, 39 corresponden a los encontrados durante la limpieza de la superficie y 265 a los sondeos realizados.
           Nuestro páramo tiene básicamente las mismas características que los páramos de La Parrilla y Tudela de Duero y confirma la identidad evidente de cada uno de estos puntos  como sitios o lugares de talla, cuya materia prima es en un 95 % cuarcita, seguido muy de lejos por el cuarzo, materiales ausentes en el sustrato de las mesas calizas en las que aparecen y propios de aluviones cuarciticos del cercano valle del Duero y que los grupos humanos productores de esta industria llevarían los nódulos cuarciticos a estos páramos de manera predeterminada, encaminada de manera exclusiva a la obtención de distintos objetos técnicos: armas, herramientas y todo tipo de utensilios.
         Los emplazamientos se situaban en entornos concretos en zonas propias para los asentamientos, a una considerable altitud ( en este caso a unos 880 metros ) con pequeños vallecillos laterales que suavizan la topografía de las cuestas, haciendo mas accesible el trasiego humano hacia el arco fluvial, sin olvidar  el dominio panorámico que desde aquí se posee sobre el valle del Duero.
        La presencia humana en esta paramera se debe a que los fondos del valle han sido durante el Paleolítico meseteño unos entornos muy utilizados por el hombre para su deambulación, cosa que parece que no agradaba a nuestros antepasados.
       Todas las concentraciones de este tipo de industria, se sitúan en áreas del borde del páramo con unas cualidades especificas que se repiten en todos los casos y se consideran fundamentales a la hora de seleccionarlas como posibles asentamientos. Desde estos puntos se dominaba una amplia panorámica del Duero y el río significaría en este sentido el eje central de actividad y desplazamiento, mientras que la zonas altas se configurarían como zonas de interés estacional en el aprovechamiento del territorio.
       Desde el yacimiento enclavado en nuestro páramo hasta el cerral que domina el valle del Duero, hay una corta distancia y bajando por Vallehondo se llega fácilmente al río.
       Según los estudios realizados, se cree que se trata de una industria elaborada durante el Paleolítico, descartando la posibilidad la posibilidad de que se trate del Paleolítico Superior.

Dibujos de los útiles encontrados en las excavaciones de Valdeagallaras.